Finalmente, ella tosió y un chorro de agua salió de su boca.—¡Oh, por Dios! Gracias a los cielos—Diogenes la sostuvo en brazos y acarició su pelo.Ella comenzó a jadear y sus pestañas temblaron. Sus ojos verdes, vidriosos y llenos de lágrimas, lo miraron sin verlo, antes de cerrar los párpados, exhausta.—¡Hija!—Ella está bien...ahora solo duerme.Diógenes suspir con alivio, su corazn golpendole tan fuerte el pecho que casi dola.Elías lo miró con respeto por primera vez.—Gracias, señor Díaz —dijo con voz ronca.Gerónimo le sostuvo la mano a su hija, tembloroso.—Gracias, Diógenes… la salvaste… gracias…Diógenes tragó saliva, intentando verso sereno, como un héroe casual. Su respiración estaba agitada y su pecho subía y bajaba con rapidez. Pero en el fondo, sentí algo nuevo. Cuando le dio la respiración boca a boca, sus labios tocaron los de ella. Su piel húmeda y fría, sus labios carnosos y suaves, su rostro delicado, su cuerpo esbelto empapado contra su pecho fuerte. Por un segun
Ler mais