—Debo reconquistarla. Debo mantenerla a mi lado. Debo hacer que regrese conmigo.
El regreso a la villa fue silencioso para Diógenes. Caminó por los pasillos, su mente repasando cada segundo que había pasado observando a Ámbar y Matteo entre los viñedos. No había duda: ella lloraba, y aunque no sabía la razón exacta, su corazón le gritaba que no era por felicidad.
En la tarde, cuando Ámbar se dirigió a la piscina, Matteo a su lado, Diógenes decidió esperar. Cada movimiento de ella estaba tan lle