Cuando llegaron a la villa, ya era de mañana. El cielo estaba despejado y un aire frío y fresco se colaba entre los olivos. La mansión Ferrari estaba igual que como la recordaba: majestuosa, blanca, con balcones llenos de geranios rojos y un camino de piedra que llevaba hasta las escaleras principales.
—Mamma y papá deben estar desayunando —le dijo Zoe mientras entraban. Un olor a pan recién horneado y café lo envolvió al instante. Sintió el estómago rugirle de hambre.
Los padres de Matteo lo r