El viaje de regreso a América fue largo, silencioso para Diógenes. Regresar a la rutina implicaba más trabajo y menos tiempo para pasar con ámbar. Sus sospechas no lo dejarían en paz. Cada gesto de Ámbar, cada palidez arrepentida, cada taza de té que Matteo se apresuraba a poner en sus manos le confirmaban lo que Caterina había insinuado.
Matteo llevaba sus maletas y encima la llevaba agarrada de la mano como si fuera una niña o una enferma muy delicada.
En el avión privado, buscó a Zoe que qui