Matteo sacudió esos pensamientos.
No. Ámbar jamás lo engañaría. (o eso asegura) La conocía, la amaba. Sabía que su corazón… su corazón siempre había pertenecido a Diógenes, sí, pero también sabía que ella jamás haría algo así.
¡Qué dilema, ¿no?
Si alguien era culpable, era Diógenes. Él… él era capaz de aprovechar su fragilidad, su dolor a pesar de no tener memoria. Un hombre siempre será y actuará como hombre, antes que amigo (eso decía mi abuela).
Matteo tragó saliva y sonriendo forzadamente.