El regreso a la mansión fue silencioso. El helicóptero aterrizó al atardecer en la plataforma de aterrizaje de la mansión y todos descendieron. Matteo no dejaba de abrazarla, Ámbar sonreía, o al menos lo intentaba, pero su alma se sentía seca, despojada de toda emoción verdadera. Diógenes caminaba detrás, cargando las malas decisiones de su vida. Por un momento pensó en cómo destruir la mentira de la pérdida de su memoria.
Viviana les suena con cinismo antes de girar sobre sus tacones para volver al interior. Gerónimo abrazó a su hija con fuerza, le besó la frente y le dijo cuánto la amaba. Matteo pidió al chofer que subiera sus cosas a la habitación de invitados y que ayudara a Diógenes a llegar a la suya.
— ¿Tú te quedarás aquí? —pregunta Diógenes a Matteo.
-Si. No podría irme a mi casa dejándolos, Ámbar me necesita y tú también amigo mío. Ya hablé con mi sueño y estuvo de acuerdo.
—Yo voy a descansar un rato. Nos vemos en la cena. Espero que te adapte Diógenes—le dice ámbar antes d