El regreso a la mansión fue silencioso. El helicóptero aterrizó al atardecer en la plataforma de aterrizaje de la mansión y todos descendieron. Matteo no dejaba de abrazarla, Ámbar sonreía, o al menos lo intentaba, pero su alma se sentía seca, despojada de toda emoción verdadera. Diógenes caminaba detrás, cargando las malas decisiones de su vida. Por un momento pensó en cómo destruir la mentira de la pérdida de su memoria.
Viviana les suena con cinismo antes de girar sobre sus tacones para volv