Michael caminaba de un lado a otro de su oficina, los nervios apretándole el estómago como un puño invisible. El informe seguía sin aparecer, y la hora de la reunión se acercaba como una sentencia ineludible. Marcó en su celular el número de su hermano, pero a último momento se detuvo. Nicolás debía de estar ocupado con sus hijos… y Michael no quería interrumpir ese momento tan valioso. Sus sobrinos eran adorables, y su hermano tenía poco tiempo para disfrutarlos.
Suspirando, escribió un mensaj