Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Killiam llega a casa para sorprender a su esposa con sus galletas favoritas, lo último que imagina es que Mackenzie lo reciba con una frase que le destroza el alma: “Quiero el divorcio.” Sin explicaciones, sin una razón clara y sin mirar atrás. Ella asegura que ya no lo ama. Él está convencido de que oculta algo. Porque la mujer que conoce, la que respiraba junto a él, no tomaría esa decisión así sin más. Pero diciembre llega con su propia tormenta. La familia de Mackenzie espera que ambos pasen todo el mes juntos para celebrar el cumpleaños número ochenta y cinco de la abuela Gigi. Y Mackenzie le pide a Killiam un último favor: Fingir que siguen siendo la pareja perfecta… al menos por estas fiestas. Él acepta. No lo hace por obligación, sino porque no está dispuesto a soltarla. Entre luces navideñas, recuerdos que queman, secretos que duelen y un amor que se niega a morir, diciembre se convierte en un mes donde nada es lo que parece y donde cada apariencia puede ser la chispa que los termine rompiendo o salvando. Un matrimonio al borde del colapso. Un esposo dispuesto a luchar. Una esposa que esconde su dolor. Y un diciembre que lo cambiará todo, porque estará lleno de apariencias.
Leer más25 de diciembre. Navidad.Breckenridge.Killiam DravenUnos dedos fríos se abren paso por mi espalda y me hacen estremecer. Con los ojos todavía cerrados, sonrío y me retuerzo, porque esto debería considerarse tortura.—Despierta, mi amor, ya es Navidad.La voz somnolienta de Mack se abre paso en mi mente, pero sigo fingiendo que no quiero despertar. Quiero ver hasta dónde llegan esos dedos y si son capaces de darme un regalo antes de salir de esta cama calentita.—¿No quieres tu regalo, mi amor? Me gustaría poder dártelo antes de que empiecen a llamarnos para abrir los regalos familiares.Se sube encima de mí, tratando de regresar a su lugar a mi lado, pero en el último instante me coloco boca arriba y Mack gime al quedar a horcajadas sobre mí.—Estoy más que listo para ese regalo —ronroneo, justo antes de incorporarme y besar sus jugosos labios.Mack sabe a menta, y huele a vainilla. Una muestra de que lleva un tiempo levantada.—¿Cuánto llevas despierta? —pregunto, con el ceño frun
5 de diciembre. Mañana.BreckenridgeKilliam DravenTener a Mackenzie en mis brazos es como sentirme de nuevo en mi lugar seguro. La beso con todo este deseo que arde en mí, pero no como algo sexual, es físico. Mi necesidad de ella, de su compañía, de su amor, de su confianza, es abrumadora y me alivia que al fin pueda tenerla de regreso.Me río un poco cuando escucho la algarabía a nuestro alrededor. Estoy concentrado en mi esposa, pero sigo siendo consciente de lo que nos rodea. Y eso es, toda su familia presenciando nuestra reconciliación, comenzando con la abuela Gigi.Cuando fui a por Samantha y le exigí venir a Breckenridge, ni pensé que todo saldría tan fácil. Me veía pagándole el jodido hospedaje a esta mujer para al menos conseguir que Mackenzie quisiera escucharla, y creo que todavía no estoy del todo seguro de que no hayamos llegado a eso.El traer las pruebas conmigo, después de todo, fue innecesario, pero me quedo conforme y tranquilo, porque queda claro para todo el que
5 de diciembre. Mañana.BreckenridgeMackenzie HaleTrago grueso para poder controlarme. La mujer ante mí no se ve como alguien que quiere echarme en cara lo que estuvo a punto de quitarme. Sus palabras me hacen eco en la cabeza y no puedo dejar de mirar entre ella y Killiam.—Samantha aceptó venir conmigo para explicar todo lo que pasó —explica él, mirándome con una súplica—. Por favor, escúchala. Te prometí que te traería respuestas, una explicación, y esta es mi manera de demostrarte que nunca podría ser capaz de hacerte daño...Escucho un murmullo detrás de mí y un vistazo me muestra que gran parte de mi familia hace acto de presencia. El fantasma de las inseguridades aparece como siempre, mucho más cuando Killiam insta a la tal Samantha a hablar.Ella empieza a contar su versión. Cuenta lo que ya Killiam me había dicho. Pienso en esta situación y me siento incómoda, pero no por tener testigos o por estar exponiendo ante todos lo que casi pierdo por idiota. Es otra cosa.Es el hec
5 de diciembre. Mañana.BreckenridgeMackenzie HaleMiro la tira delgada en mis manos y todo el cuerpo me tiembla. Las dos líneas rosas hacen que un sollozo fuerte salga de mí.—¿Y bien?Levanto la cabeza cuando escucho la voz de Clara, que se asoma por la puerta del baño.En cuanto me ve la cara, sonríe con algo de condescendencia. Abre del todo la puerta y se me acerca. No tengo ni que pedirle nada, ella al instante me abraza. Y yo me rompo.No sé por qué lloro.Por estar embarazada del hombre de mi vida, como habíamos deseado. Por el hecho de que estamos separados y no he sabido nada de Killiam desde hace casi cuarenta y ocho horas. Por la maldita estupidez que me hizo llegar a este punto, en el que tengo ganas de darme sacudidas a mí misma, por inconsciente.—Todo estará bien, Mack. Killiam te ama y eso nos quedó claro a todos. Estoy segura que un bebé será lo mejor que les pueda pasar de ahora en adelante.Asiento en sus brazos. Escondo mi cabeza en su pecho sin saber qué respond
Último capítulo