Un par de días después
—Señorita Lyra, un hombre la está buscando —anunció Kenia.
Lyra alzó la mirada de su laptop, desconcertada.
—¿Quién es?
—Dice ser el asistente del señor Ferrer. ¿Desea que lo haga pasar?
—Sí, por favor, Kenia.
Lyra se acomodó el traje y el cabello con rapidez. A los pocos segundos, un hombre alto, joven y elegantemente vestido apareció en la puerta, extendiéndole la mano.
—Señorita Lyra, un placer. Mi nombre es Roland Thierry, soy el asistente personal del señor Ferr