—¡Arkan, maldita sea, conduce más rápido! Tengo un mal presentimiento… no sé, siento que algo le está pasando a Lyra —gruñó Kael, apretando con fuerza el borde del asiento mientras sus ojos, ocultos bajo los lentes oscuros, temblaban por la ansiedad.
—¡Alfa, voy a fondo! El acelerador está al máximo. Si vamos más rápido, terminaremos muertos en una zanja —respondió Arkan, forcejeando con el volante al tomar una curva peligrosa en la carretera montañosa.
Kael no respondía. Su corazón palpitaba d