Los días siguientes al accidente fueron un limbo. Kael no se movió del hospital. Con Ainara dormida en sus brazos y el corazón temblando a cada segundo, esperó junto a la habitación donde Lyra luchaba en silencio por mantenerse con vida. Arkan se encargó de todo lo demás: de la manada, de los médicos, de silenciar los rumores. Kael sólo podía pensar en ella.
Ainara sollozaba suavemente durante la noche, extrañando la presencia de su madre, pero Kael la calmaba con caricias torpes, con palabras