De regreso a casa, Samuel y Sofía compartieron una mirada silenciosa, llena de comprensión. Sin necesidad de palabras, ambos se ofrecieron a cuidar de Ainara por el resto del día. Rose, con esa calidez natural en su expresión, se unió de inmediato, tomando en brazos a la pequeña, que jugaba entre risas con un mechón de su cabello.
—Nos encargaremos de ella, Alfa —dijo Sofía con ternura—. Ustedes necesitan este momento, y algo de descanso.
Kael asintió con gratitud, observando cómo se alejaban p