Mientras tanto, lejos de la ciudad y en medio del caos, Mirkay lanzó una copa de vidrio contra el suelo, haciendo que Artemisa se sobresaltara.
El hombre rugió cerca de ella, y la rubia tembló.
—¡Es tu maldita culpa, Artemisa! Si no hubiera sido por ti, Kael habría sido eliminado hace mucho tiempo.
Artemisa temblaba, impotente.
—Te juro que jamás imaginé que él lograría salvarse. ¡Lo vi con mis propios ojos! Era un simple ciego inútil... y encima, vivía con esa Omega. ¿Qué se podía esperar de d