Los días siguientes fueron difíciles. Rose les concedió un mes de renta para que pudieran recuperar los muebles, y su percepción de Kael cambió por completo. Ya no insistía tanto a Lyra con Román, ni volvió a invitarlo a casa.
—Gracias, Rose, por tu ayuda. No debiste molestarte —Lyra le tomó las manos, agradecida.
—Lo hago con cariño —respondió con calidez—. Además, mira nada más a ese hombre.
Rose señaló a Kael, que estaba arremangando con cuidado las sudaderas de los niños para que pudieran l