El zumbido del aire acondicionado en el piso ejecutivo era el único sonido que acompañaba el pulso acelerado de Lia. Había llegado extremadamente temprano, con el cuerpo resentido y el alma arrastrando el cansancio de una noche de insomnio absoluto. Frente a ella, la pantalla de la computadora mostraba la lista de pendientes de su jefe, pero sus ojos apenas lograban enfocar las letras. En su mente se repetían, como un disco rayado, las palabras de Adrián en el despacho, la calidez de su boca co