Lia se levantó de la silla con un movimiento rápido y elegante, negándose a permanecer un segundo más bajo la sombra física de su jefe.
—Sí, señor Valenti. Lo he escuchado perfectamente —respondió ella, forzando a su voz a sonar gélida y profesional—. Le agradezco mucho que comparta conmigo sus preocupaciones sobre la seguridad y las intenciones del señor Fabián. Pero le aseguro que sé cuidarme perfectamente sola. No necesito que nadie me diga con quién debo o no entablar una conversación fuera