El sonido de las puertas de madera noble cerrándose tras la partida de Fabián pareció sellar el despacho presidencial en una burbuja de alta tensión. El silencio que se instaló de inmediato no era pacífico; era un silencio espeso, cargado de la promesa de una tormenta inminente.
Adrián permaneció de pie junto a su imponente escritorio de caoba, con la mirada clavada en la puerta por la que su primo acababa de retirarse con paso triunfal. La vena de su sien latía con fuerza y sus facciones se en