El pacto de las sombrasLia permaneció inmóvil, con la mirada perdida en los ojos de Adrián. El impacto de su presencia, sumado a la reciente confrontación con Daniel, la mantenía en un estado de vulnerabilidad que apenas podía gestionar. No sabía qué decir; las palabras se le atascaban en la garganta como cristales rotos. Él, percibiendo su inestabilidad, la tomó del brazo con una firmeza que, lejos de ser intimidante, se sintió como un ancla en medio de la tormenta.—Ven conmigo —ordenó él. Su voz era un comando, pero bajo ese tono autoritario subyacía una urgencia que Lia no pudo ignorar.Ella lo siguió, arrastrando los pies hacia el estacionamiento. Sin embargo, antes de abandonar la acera, su instinto la traicionó. Giró la cabeza hacia atrás, justo a tiempo para ver cómo Daniel subía a su auto, con los hombros hundidos y el rostro demudado por la vergüenza o quizás por la frustración de haber sido humillado públicamente. Su corazón, traicionero, dio un vuelco doloroso. No podía
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