Sin esperar una respuesta verbal de ella, ni dedicarle una sola mirada a Fabián, Adrián giró sobre sus talones y regresó por donde había venido, caminando con paso firme de regreso al despacho presidencial.
Lia y Fabián se miraron en un silencio tenso.
—Lo siento mucho, Fabián... debo ir —dijo Lia en un susurro, sintiendo que el corazón le latía con fuerza en la garganta ante el inminente reclamo de su jefe.
Fabián le dedicó una sonrisa suave, estirando la mano para darle un sutil toque de apoy