Lia no dijo una sola palabra más. Se giró sobre sus talones, abrió la puerta doble del despacho presidencial de un solo movimiento y salió al pasillo exterior, cerrando la puerta detrás de sí con un golpe seco y violento que pareció hacer vibrar los cristales templados del piso ejecutivo.
Una vez que se quedó completamente solo en la inmensidad de su oficina, Adrián dio un puñetazo sutil pero firme sobre la madera de caoba, sintiendo que la rabia y la impotencia lo consumían por dentro.
—¿Por q