Laura suspiró, estirando la mano para acariciar el hombro de su amiga, intentando transmitirle un poco de consuelo.
—Ese hombre es un monstruo calculador, de verdad... Pero dime una cosa, ¿por qué insistir tanto en retenerte si ya tiene a su supuesta prometida misteriosa? Aquí hay algo que no encaja en su lógica de negocios.
Lia bajó la mirada, sintiendo que sus mejillas se encendían al recordar el calor del mirador.
—Pero... eso no es todo lo que pasó hoy, Laura, hay más.
Laura entrecerró los