Por el umbral apareció Fabián. Vestía un traje de corte italiano impecable en un tono azul eléctrico que contrastaba de manera estridente con la sobriedad del despacho Valenti. Llevaba una sonrisa cínica dibujada en las facciones y la confianza de quien se sabe dueño de la mitad de las acciones de la corporación.
—Buenos días... ¿Interrumpo algún idilio corporativo? —soltó Fabián con un tono de burla ligera, cerrando la puerta detrás de sí.
Adrián frunció el ceño de inmediato, sus ojos verdes t