La puerta de la ambulancia se cierra con un golpe seco, llevándose a Camille bajo custodia.
Emma permanece abrazada al cuello de Alexander, con los ojos hinchados y el rostro manchado de lágrimas secas.
Él la sostiene como si temiera que el más mínimo movimiento pudiera arrebatarle a su hija nuevamente.
—Ya pasó, mi amor… ya estás a salvo —susurra, pero su voz tiembla.
Los agentes aún rodean la zona, pero el peligro ha terminado. Sin embargo, en el corazón de todos, el caos apenas comienza a