Tres años han pasado.
La brisa que acaricia la costa es suave, como una caricia del tiempo que ha limpiado las heridas más profundas.
En el mundo de Isabella, Alexander y los niños, la vida respira en paz. Pero lejos de ellos, en los rincones oscuros donde alguna vez germinó el rencor, la realidad ha seguido su curso. Justa. Implacable. Irrevocable.
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Camille
El reloj de la pared marca las mismas horas de siempre. Pero para Camille, ya no significan nada.
Sentada en una silla acolchada que d