Daniela y Sebastián estaban muy emocionados. Su entusiasmo era evidente, pues, a pesar de todo el drama que les rodeaba, ellos solo tenían una cosa en mente: ver a su papá despierto y fuera de peligro. Para los dos hermanos, cualquier otra preocupación pasaba a un segundo plano; su mayor deseo era la recuperación de su padre y poder estar a su lado de una vez por todas.
Mientras su madre, Samantha, peinaba a Daniela, la niña no pudo evitar expresar una inquietud que llevaba tiempo guardando. Con la naturalidad y sinceridad propias de su edad, preguntó:
—Mami, ¿cuándo podremos vivir con papá y ser una familia como la que tienen mis amigas?
La pregunta de Daniela sorprendió a Samantha, quien, al escuchar esas palabras, quedó con la mano detenida.
Dejó de peinarla y lentamente, giró a la niña para mirarla a los ojos.
—Cariño. Cuando tu papá esté en condiciones y regrese a su casa, podrán ir y quedarse con él —le dijo, acariciándole el cabello con suavidad—. Siempre seremos familia. Eso t