A pesar de las advertencias de su madre, los niños corrieron hacia su padre al entrar en la habitación. La emoción les pudo más que la cautela, y sin pensarlo, se abalanzaron sobre él con la naturalidad de quienes sienten que el tiempo no ha pasado. Era como si hubiesen estado juntos desde siempre, como si ninguna distancia o circunstancia hubiera alterado el vínculo que los unía.
Los pequeños se abrazaron a su padre, que seguía en reposo. En medio de ese momento tan íntimo y emotivo, Daniela s