Damián se encontraba en el jardín, sentado tranquilamente con un vaso de té helado entre las manos. Sus ojos se perdían en el vacío, acompañados de un suspiro que reflejaba su estado de ánimo. Tan absorto estaba en sus pensamientos, que no percibió la presencia de su mejor amiga acercándose rápidamente por el sendero.
Al llegar junto a él, Samantha no pudo contener su inquietud y, con tono directo, le preguntó:
—¿Se puede saber qué te pasa a vos que andas con esa cara?
El hombre apoyó sus brazo