Damián se encontraba en el jardín, sentado tranquilamente con un vaso de té helado entre las manos. Sus ojos se perdían en el vacío, acompañados de un suspiro que reflejaba su estado de ánimo. Tan absorto estaba en sus pensamientos, que no percibió la presencia de su mejor amiga acercándose rápidamente por el sendero.
Al llegar junto a él, Samantha no pudo contener su inquietud y, con tono directo, le preguntó:
—¿Se puede saber qué te pasa a vos que andas con esa cara?
El hombre apoyó sus brazos sobre la mesa, buscando un poco de estabilidad en medio de su desasosiego. Luego, con un gesto cansado, afirmó su rostro entre la palma de sus manos, dejando que el peso de sus pensamientos y emociones se reflejara en esa postura.
Suspiró profundamente antes de responder, con una voz cargada de cansancio:
—Nada, es solo que estoy aburrido. Siento que me falta algo —explicó, dejando entrever el agotamiento que lo invadía—. Tal vez, tenga que tomarme unas vacaciones... Nueva York, París, Milán..