Dos días después, Elena Guerrero falleció. El funeral, a pesar de su elegancia, fue una ceremonia sencilla, reflejando la humildad y discreción que la caracterizaron en vida. Gustavo permaneció a su lado en todo momento, sin apartarse ni un instante.
Elena había partido de este mundo creyendo que su hija seguía viva y que simplemente se había marchado de viaje. Entre Gustavo y Samantha la habían convencido de que, cuando Luciana se había ido a despedir de ella, estaba profundamente dormida, por el efecto de los fármacos. Ni Gustavo ni nadie más tuvo el valor de contarle la verdad sobre el destino de su amada hija, pues revelar lo ocurrido habría destrozado su corazón, y nadie quiso cargar con esa responsabilidad.
Mientras estaba parado junto al féretro, Gustavo recordó el final de su hija. Las imágenes que habían quedado plasmadas en su mente se proyectaban una y otra vez.
Luciana en su habitación gritando algo inentendible para él que estaba en la sala pero que el policía encubierto