POV Samantha
Han pasado casi tres años desde aquel día en que Martín me pidió que fuera su esposa.
Como nunca tuve boda religiosa con Javier, pude casarme con Martín por iglesia. Apenas comenzaba el otoño en Buenos Aires y nuestra luna de miel, como buenos románticos que somos, fue en París.
Nuestra boda fue un sueño hecho realidad para mi querido Damián de Loredo, que desplegó toda su creatividad para diseñar mi vestido de novia. No puedo explicar la locura que tuvo durante todo ese tiempo. Porque no solo se encargó del vestido, también quiso ocuparse de la organización completa de la boda, algo que disfrutó de manera exagerada, mientras yo trabajaba en la empresa y empezaba a bosquejar mi nuevo libro.
Pensarán que, con semejante responsabilidad, Damián fue el padrino. Pero no.
Mi padrino fue Alex. Ese hombre maravilloso que supo ocupar el lugar de padre que tantas veces me hizo falta.
Se preguntarán qué pasó entre esos dos seres que tanto amo. Pues bien: viven en un constante tire y