Capítulo 87. Un secreto que duró diez años
El cañón del arma seguía hundido en la frente de Silas, cuya respiración era un silbido patético de terror. Julian no parpadeaba; sus ojos, eran dos pozos de odio frío.
—¡Julian, no! ¡Suéltala! —el grito de Isabel rasgó el aire, cargado de una desesperación genuina—. ¡No lo hagas! No destruyas tu vida por un desperdicio como él. Si disparas, irás a la cárcel...
Julian guardó silencio un segundo. Luego, una vibración extraña sacudió sus hombros. No era un sollozo. Era una risa. Una carcajada sec