Capítulo 85. Réquiem por una Bestia
Julian se deslizó en un sedán oscuro y común que no llamaba la atención. Sus dedos se apretaron sobre el volante cuando vio a Silas salir del antro y subir a su propio vehículo, arrancando con un rugido de motor que delataba su falta de control.
La persecución comenzó.
Atravesaron el corazón de Londres, pero Silas no se detuvo en las zonas conocidas. El camino se hizo largo, dejando atrás las luces de neón y el bullicio de la ciudad para adentrarse en carreteras secundarias donde la niebla se