Capítulo 83. Sentencia de muerte en un susurro
El motor del coche de Arthur apenas se detuvo frente a la entrada de la clínica cuando Eleanor ya tenía la mano en la manilla.
Al bajar, el aire frío la golpeó, pero no fue el clima lo que la hizo estremecerse. A unos cincuenta metros, saliendo por una de las puertas laterales de servicio, una figura masculina apresuraba el paso. El hombre vestía un abrigo oscuro, largo, y caminaba con una rigidez aristocrática que Eleanor reconocería en cualquier lugar del mundo.
—¡Arthur! —exclamó ella, señ