La segunda vez no hubo protocolo.
No hubo dudas.
Solo una fecha, una hora, y el mismo coche oscuro esperándola frente al callejón trasero de La Rosa Negra.
Maribel se subió sin pronunciar palabra. Llevaba los labios pintados como una herida, la peluca roja perfectamente peinada, y un body negro con espalda descubierta que moldeaba cada centímetro de su silueta.
Sabía a dónde iba.
Sabía quién la esperaba.
Y esta vez, no pensaba dejarlo intacto.
—
El apartamento era el mismo. Pero algo había camb