El auto llegó puntual.
Un Mercedes negro, discreto pero impecable. Sin logos del club. Sin placas llamativas. El chofer uniformado le sostuvo la puerta sin mirarla. Elvira ya le había explicado que esa noche era diferente. No había contacto. Solo visual. Solo danza.
Maribel asintió al subir, sintiendo cómo su piel se electrificaba bajo la gabardina negra que cubría su atuendo: un body de terciopelo negro con escote en V profundo, guantes largos, medias sujetas a un liguero invisible, y unos tac