Pedro Juan la tomaba con furia, no con ternura. El cuerpo de Mary Carmen se arqueaba bajo el suyo mientras él se deshacía dentro de ella como si pudiera exorcizar el dolor con sexo. No la miraba ni susurraba su nombre. Solo descargaba su rabia, su frustración, su necesidad primitiva de controlar algo… cualquier cosa.
Ella estaba consciente de ello, pero no le importaba.
Si su cuerpo era lo único que podía ofrecer para retenerlo, entonces que fuera eso. Por ahora…
—Fantástico, como siempre —dij