El caos había disminuido. Los invitados humanos habían sido evacuados por la seguridad de Berg Industries (con la mente ligeramente "nublada" por Thorsten para que recordaran un fallo eléctrico y no magia).
En un salón privado anexo, iluminado solo por velas de emergencia, estaban las mujeres. Ingrid estaba sentada en un sofá, temblando, con la cabeza entre las manos. Aurora estaba de pie junto a ella, vigilando la puerta con una mezcla de valentía y terror absoluto.
La puerta se abrió. No entró el monstruo. Entró Elena.
La Reina Luna ya no llevaba su vestido de gala impecable; se había quitado los tacones y se movía con una calma maternal que desarmaba cualquier defensa. Traía dos vasos de agua.
—¿Estáis bien? —preguntó Elena suavemente, dejando los vasos en una mesa baja.
—¡No te acerques! —advirtió Aurora, aunque su voz temblaba—. Sois... sois brujos. O demonios. Vi lo que hizo ese chico.
Elena sonrió tristemente y se sentó en un sillón frente a ellas, manteniendo las manos visible