—¡Izquierda! ¡Gira a la izquierda!
Emma y Stella derraparon sobre el suelo húmedo de la caverna, girando justo a tiempo para evitar una masa de dientes y garras que se estrelló contra la pared de roca donde ellas habían estado un segundo antes. Las Varguillas eran ciegas, pero rápidas. El sonido de sus chillidos rebotaba en las paredes, haciendo imposible saber cuántas eran. Cientos.
—¡Stella, el escudo! —gritó Emma, viendo que el túnel se terminaba en un callejón sin salida.
Stella agarró el r