Varik soltó una carcajada seca, un sonido que recordó al crujir de huesos viejos, e ignoró deliberadamente la postura de ataque de Mikael. Para el Antiguo, el Alfa no era más que un perro glorificado con un título prestado. Con un estallido de energía necrótica que oscureció el sol del mediodía, Varik no se lanzó hacia su oponente en la arena, sino que giró en el aire, desafiando la gravedad con una blasfemia a las leyes físicas.
Levitó, impulsado por sombras que parecían alas de alquitrán, asc