Habían pasado dos semanas desde la llegada de Elena, y la Mansión del Bosque Oscuro ya no era la misma.
Donde antes había guardias haciendo rondas a ciegas en la nieve, ahora había ojos invisibles que lo veían todo.
Elena caminaba por el nuevo "Centro de Operaciones" que había improvisado en la antigua biblioteca del sótano. El lugar zumbaba con el sonido de servidores de última generación y el tecleo frenético de cuatro manos jóvenes.
—¡Leo, Sven! —llamó Elena con autoridad, señalando la panta