Prisión de Hielo del Círculo Polar
Sector Cero: Nivel Máximo de Seguridad
El silencio en el Sector Cero no era simplemente la ausencia de ruido; era una entidad física, pesada y asfixiante, diseñada para devorar la cordura.
No había ventanas que ofrecieran el consuelo del sol o la tortura de la luna. No había ciclos de día ni de noche, solo una eternidad grisácea iluminada por tiras de luz LED empotradas en el techo, programadas para parpadear ocasionalmente con el único propósito de interrumpir el sueño REM. La celda era un cubo perfecto, tallado con precisión quirúrgica en la roca viva del permafrost y revestido de un hielo sintético reforzado con magia de contención.
En el centro de aquel sepulcro helado, una plataforma de metal atornillada al suelo servía de cama, silla, mesa y ataúd en vida. No había mantas. No había almohadas. El sistema de climatización, una obra maestra de la crueldad diseñada por los ingenieros más sádicos de la manada, mantenía la temperatura ambiente en uno