El motor rugía bajo la presión de la velocidad, pero Lysandra apenas lo registraba.
Cada segundo que pasaba aumentaba la inquietud en su pecho, cada kilómetro que recorría la acercaba más a un escenario que ya sabía que no sería bueno.
Cuando giró la esquina que llevaba a la casa de Eris, su mirada se afiló al instante.
No había ningún auto.
El estacionamiento vacío le dio la primera señal de alarma, pero lo peor estaba por venir.
Frenó bruscamente frente a la entrada, sus dedos