El aire dentro de la casa era más pesado de lo que Evender recordaba.
Eris estaba sentada con una aparente calma, pero Evender sabía leer más allá de los gestos superficiales.
Su postura, aunque relajada, tenía una tensión casi imperceptible en los dedos que rozaban el borde de la mesa.
La conversación entre ellos seguía fluyendo en una calma medida, pero había algo en la atmósfera que ya no se sentía del todo estable.
Hasta que el sonido de un motor quebró el silencio.
Evender g