Lysandra seguía sosteniendo el documento con fuerza, su pulso acelerado, su mente procesando lo que acababa de descubrir.
Evender la observó, notando la rigidez de su cuerpo, la ira aún latente en su expresión.
—Guárdalo —dijo con voz baja, pero firme—. Luego hablaremos con Asteria.
Lysandra exhaló con dificultad, pero dobló el papel con movimientos tensos antes de guardarlo en su chaqueta.
Evender miró de reojo hacia la sala.
—Tenemos que salir de aquí ya.
Lysandra frunció el