—Me siento tan triste… —dijo Marcus con la voz quebrada, como si apenas pudiera sostenerse.
Orla lo miró en silencio. Había algo en su tono que la inquietaba, pero también despertaba en ella compasión. Dudó unos segundos antes de responder, insegura de si debía involucrarse más.
—Por favor… vamos a vernos, hablemos —insistió él, sus ojos húmedos de súplica.
Orla titubeó. Todo en su interior le decía que no era buena idea, pero su lado humano, su corazón sensible, se negaba a darle la espalda a a