Orla empujó a Marcus con toda la fuerza que le permitieron sus brazos temblorosos y, sin pensarlo dos veces, lo abofeteó. El sonido seco de la bofetada retumbó en el aire como un eco de dolor y furia.
—Marcus, ¡cómo te atreves! —gritó con la voz quebrada, sintiendo que el pecho le ardía de rabia y miedo.
El hombre se quedó mirándola, sus ojos cargados de una mezcla oscura entre deseo y frustración. Lentamente, llevó la mano a su mejilla, donde todavía ardía la huella del golpe. Sonrió con amargu