Jeremías recostaba a una de sus bebés en la cuna, mientras que la otra ya estaba profundamente dormida.
Observó con ternura cómo ambas se acomodaban, sus pequeñas respiraciones llenando la habitación de un suave murmullo.
En ese momento, el corazón de Jeremías se llenó de amor y gratitud.
Tarah, su compañera, lo observaba desde la puerta con una sonrisa tierna, reflejando el orgullo que sentía por el hombre que había elegido para ser el padre de sus hijas.
El papel de papá le estaba quedando muy