Un mes después, Melody abrió los ojos con un sobresalto, el dolor la sacudía y la realidad de que su bebé iba a nacer la envolvía como una ola implacable.
Un grito desgarrador escapó de sus labios, un grito que resonó en la habitación y que llenó el aire con la intensidad de su sufrimiento.
Demetrio, que dormía a su lado, se despertó, de inmediato, su instinto paternal activo ante el llamado de su esposa.
Sin perder un segundo, se levantó, su corazón latiendo con fuerza, y la llevó al hospital.