—¡Nunca! —exclamó Demetrio, su voz resonando con una fuerza que llenó el aire de tensión. La furia ardía en su interior, y algo en su mirada había cambiado.
Ya no era el hombre tranquilo y sereno que Melody conocía; ahora, su rostro estaba marcado por el enojo y la desesperación.
La preocupación se apoderó de ella al ver cómo su esposo, normalmente tan controlado, se transformaba en una tormenta de emociones.
Melody entró en la habitación y vio a Demetrio empujando a su hermano Enzo hacia la sal