Alexis lanzó un suspiro largo y pesado, como si en ese instante cargara el peso de todo el mundo sobre sus hombros.
Su mirada, fría y agotada, se posó sobre Tessa, que lo observaba con una mezcla de ansiedad y algo que parecía impaciencia.
—Debo ir a la empresa —dijo al fin, con voz grave y decidida—. Algo malo está pasando… y no pienso dejar a Melody aquí. La llevaré conmigo.
Tessa dio un paso al frente, alzando la voz con una urgencia apenas disimulada.
—¡No, yo puedo cuidarla!
Alexis negó sin