Pronto, Tarah fue dada de alta del hospital. Su mente estaba llena de pensamientos confusos y emociones contradictorias.
Deseaba irse lejos de Jeremías, pero la realidad era que no podía.
Él la llevaba en una silla de ruedas, completamente bajo su cuidado. La sensación de vulnerabilidad la abrumaba, y aunque su cuerpo se sentía más fuerte, su corazón estaba lleno de dudas.
Mientras era transportada hacia el auto, su mente se centraba en una sola cosa: su hijo.
Ahora que su bebé estaba vivo, era